EMERGENCIAS QUÍMICAS BAJO CONTROL: ASÍ RESPONDE LA UNIDAD DE MATERIALES PELIGROSOS DE LOS BOMBEROS DE PANAMÁ
Ante un derrame de sustancias tóxicas, una fuga de gas o un accidente con hidrocarburos, cada segundo cuenta. En esos escenarios de alto riesgo entra en acción la Unidad de Materiales Peligrosos del Benemérito Cuerpo de Bomberos de la República de Panamá, un equipo altamente especializado que opera desde la estación Segismundo Navarro, en Balboa, y que atiende emergencias en todo el país.
El teniente José Mendieta explica que la intervención comienza con una prioridad innegociable: proteger la vida. “Lo primero es ordenar la evacuación inmediata del área”, detalla. Posteriormente, el equipo realiza el reconocimiento técnico para identificar el tipo de sustancia involucrada, su estado físico y el nivel de peligrosidad.
Zonas de seguridad y maniobras de alto riesgo
Una vez evaluado el escenario, el área se divide estratégicamente en zona fría, zona tibia y zona caliente. Esta última representa el mayor nivel de peligro y es allí donde únicamente ingresa personal especializado con trajes de protección química y equipos de monitoreo, para ejecutar maniobras de control, contención o mitigación del producto derramado o en fuga.
El sargento Hermenegildo Núñez subraya que uno de los procesos más sensibles es la descontaminación. Este procedimiento se aplica tanto a los bomberos intervinientes como a las personas que hayan estado expuestas a la sustancia. Tras esta fase, los afectados reciben atención prehospitalaria y, de ser necesario, son trasladados a un centro médico.
Preparación permanente ante riesgos cambiantes
Los materiales peligrosos evolucionan al mismo ritmo que la industria. Por ello, la unidad mantiene un programa de capacitación constante en nuevos equipos de protección, tecnologías de detección y protocolos internacionales de intervención. El objetivo: garantizar respuestas seguras, técnicas y eficaces.
El bombero Johan Hernández señala que los incidentes más frecuentes incluyen accidentes de transporte de combustibles como gasolina, diésel y gas; emergencias en fábricas e industrias químicas; agroindustrias; y plantas de refrigeración industrial, donde el amoníaco puede representar un riesgo crítico en caso de fuga.
YW
